domingo, 24 de noviembre de 2013

ANTECEDENTES

Los estudios históricos han determinado que los primeros habitantes que pasaron por la isla - que hoy se conoce como Inglaterra- llegaron en el año 4.000 AC. Largas luchas intestinas dieron como resultado la primacía a los sajones sobre las razas celtas y los restos que aún sobrevivían del Imperio Romano. 
Luego de siglos de enfrentamientos, el ímpetu vikingo fue cediendo. En 1066, el duque de Normandía, descendiente de los vikingos asentados en el norte de Francia unos siglos antes, desembarcó en Inglaterra y conquistó su territorio tras derrotar al monarca sajón Haroldo de Wessex en la batalla de Hastings. Se proclamó rey con el título de Guillermo I de Inglaterra y reemplazó a los nobles locales por normandos franceses. 
En 1189, Ricardo “Corazón de León” asumió el reinado de Inglaterra y poco tiempo después debió partir hacia Tierra Santa en la Tercera Cruzada, que terminó en fracaso. 

La guerra de Las Rosas, librada entre 1455 y 1487 entre las casa de Lancaster y York por la sucesión del trono, llevó al debilitamiento de la nobleza inglesa y al surgimiento de la burguesía como actor político relevante. En 1534, airado porque el Vaticano se negaba a anular uno de sus frecuentes matrimonios, Enrique VIII creó la iglesia anglicana como entidad católica regida por el estado y con el rey como autoridad máxima. Con el ascenso al trono de María I en 1554, la iglesia volvió a ser vaticana. Sin embargo, con la muerte de la monarca en 1558, se volvió al anglicanismo y de forma definitiva. 

En 1642, tras la muerte de la reina Isabel I, asume el trono inglés Jacobo I de Escocia. Por derecho de herencia se proclama soberano de Inglaterra, Gales y Escocia. 
En 1649 estalló la tercera guerra civil entre los republicanos y los monárquicos que resistían en Irlanda y Escocia. Cromwell volvió a vencer y en los años siguientes se dedicó a centralizar el poder. La república inició un periodo de modernización de las costumbres y de tolerancia religiosa, que se vio ensombrecido por el autoritarismo de Cromwell. Tras su muerte, en 1660 el Parlamento nombró rey de Inglaterra a Carlos II. Mientras tanto, la monarquía lanzó una activa campaña de exploración y conquista de territorios en América del Norte, Asia, Oceanía y África, que llevó a la construcción del imperio más poderoso de su tiempo. Paralelamente, la Revolución Industrial iniciada en el siglo XVIII en Inglaterra le dio un impulso fenomenal a su economía y fortaleció su poderío militar y político. Su papel crucial en la derrota del imperio napoleónico sacó del paso a sus principales competidores en los mercados externos. 

En 1707, Inglaterra y Gales se unieron a Escocia para formar el Reino de Gran Bretaña mediante el Acta de la unión. En 1800, Irlanda se sumaría al Reino Unido, aunque informalmente era un dominio de la corona desde que fuera militarmente ocupado en 1691.
La Primera Guerra Mundial finalizó con una victoria del bando que integraba Inglaterra. Pero el costo del triunfo fue desproporcionado: 900.000 soldados británicos murieron en el campo de batalla y el país emergió de la guerra profundamente endeudado.

Al desatarse la Guerra Fría, el Reino Unido formó parte de la alianza occidental. Unió sus zonas de influencia con Francia y los Estados Unidos para enfrentar a los soviéticos como un bloque monolítico liderado por Washington. En 1956, cuando aliado con Francia e Israel invadió Egipto tras la nacionalización del Canal de Suez, Estados Unidos ordenó a sus aliados la retirada inmediata. Humillada y expuesta en su debilidad, Londres aceptó un rol secundario dentro de la alianza occidental. Aun así, desarrolló una fuerza nuclear independiente e intentó sostener una fuerza militar de alcance global.
Desde 1960 en adelante, el Reino Unido intentó reconstruir su economía y adaptarse a los nuevos tiempos. En Irlanda del Norte, los terroristas irlandeses del IRA lanzaron una agresiva campaña de ataques que llevó la violencia a las puertas mismas del gobierno británico. En 1979, asumió como Primer Ministro la conservadora Margaret Tatcher. Decidida a revertir la decadencia británica, Tatcher lanzó un duro programa de ajuste para racionalizar el gasto del Estado, que agudizó las tensiones sociales y elevó el índice de desempleo a niveles record. 


En 1991, el Reino Unido fue el principal aliado de los EEUU en la guerra de liberación de Kuwait contra las fuerzas iraquíes. Participó nuevamente en las invasiones de Irak y Afganistán en 2001, campañas que demostraron su intención de convertirse nuevamente en un actor importante del escenario internacional. El conflicto de Irlanda del Norte, que causaba un importante desprestigio, además de numerosas muertes entre civiles y tropas británicas, se canalizó hacia negociaciones políticas y en la actualidad los irlandeses del IRA han anunciado su decisión de abandonar la lucha armada.
La alianza contra el terrorismo global, ha expuesto al Reino Unido a los atentados del 7 de julio de 2005, fecha en que un grupo fundamentalista islámico hizo estallar cuatro bombas en Londres y provocó la muerte de 50 personas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario